sábado, 29 de noviembre de 2014

Duermevela


En los sueños las pupilas están dilatadas 
y no duelen los ojos.
Los ríos son blancos
y el agua puede contenerse

tras barrotes en jaulas.
No existen cuerdas con cabos: 

son infinitas.
Sólo cuando aparece la rabia. 

Ahí sí que la soga aprieta.

Los ojos son esclavos
de una historia imaginaria.
La saliva está impregnada de memoria. 

Tiene un sabor a viejo regusto a moho, 
a otoño que no seca.

Alucinaciones nocturnas que inducen 
sogas imposibles de aflojarse.
No hay ilusionista capaz
de vencer la furia.

No puede guardarse en jaulas, 
ni siquiera en urnas
y dejar
que se escape por las ranuras.


Hasta que el recipiente revienta 
por no soportar la presión
del flujo blanco que lo llena. 

Todo se rompe. 
La jaula, la urna.
Un crujido se escucha.
Los barrotes se quiebran.
Fragmentos afilados se amontonan 

en el suelo y se mojan.
Surgen ríos y más ríos blancos. 
Infinitos caudales colmados de cólera. 
Hasta despertar del mal sueño
y los ojos esclavos
alcancen
una nueva quimera. 




lunes, 24 de noviembre de 2014

Insomnio

Antes de que la consciencia
quede en suspenso,
los pensamientos se disfracen,
los músculos se aflojen;
lo cotidiano remite
y lo excéntrico sucede.
El turno de noche decide.
Su voz se vuelve indispensable.
Todo es posible,
salvo banalidades.

Los conceptos se suceden.
Abruptos,
rebosantes de mensaje.
Y en el devenir de la noche
surge
el milagro de lo extraordinario.

Desesperante insomnio,
pegamento en los párpados,
hormigueo que recorre las venas.
No las mías:
son conductos prestados por alguien impertinente.
Arterias de mi alma alquiladas
por horas nocturnas.
Ideas que fluyen tan rápido,
          tan rápido,
                   que se escapan.

Tinta que se desliza
con premura y con miedo
a olvidar las palabras.


martes, 18 de noviembre de 2014

Ingenuidad

Bebí de la botella equivocada
un sinfín de besos contenidos.
Besé la piel de la serpiente,
la atracción de un enigma envenenado.

Exploré tu piel con guantes de lana
y engullimos a bocados el aire viciado.
Hasta atragantarnos
de pasiones limitadas.
De fondo,
los anocheceres censurados
se inquietan
en busca de respuestas sinceras.

De tus mil bocas,
un sabor agrio me cautiva.
Un envase prestado
a caballo entre dos mundos igual de ciegos.

Los hechizos funcionan solo a medias.
Y despertar tras el coma
solo deja
inútiles evidencias.
Bochornos que no se explican,
palabras
que no se tienen en cuenta.
Mis articulaciones ya no encajan.
No hay movimientos visibles.
Solo el pulso leve.

Una lasitud se establece
con una etiqueta que dice:
la inocencia es antigua
aunque pasen los años.


sábado, 15 de noviembre de 2014

Desequilibrio



Hay medio cuerpo reflejado en el espejo.
Parte sobrante de un desecho ausente.
Imitación que resiste, no desvanece.
Y, sin embargo,
la única parte que veo es medio labio
y mitad de aliento.
Media mirada fija e inquisitiva.
Puede que reticente.
¿Una mirada a medias es suficiente?
¿Quién es el dueño de ese ojo,
de ese medio cuerpo,
dispuesto a censurarme?
Un bucle que no cesa.
De la agitación al desánimo.
Todos los extremos descansan
tras el vidrio
          y piensan
          y sienten
                 por sí mismos.

Un desequilibrio apetecible me visita.
Me arropa, me inquieta,
me excita, me oprime.
El reflejo se vuelve bruma
          y yo soy penumbra
          al otro lado.
Y recuerdo.
Y no, no hay respuestas.
¿Sucedió realmente?

Mi yo volátil:
mitad imperturbable
mitad como humo.
Divididas mediante una línea recta
perfecta,
perfectísima.
Pienso entonces que mi propio reflejo,
mi medio reflejo,
parece
una versión más completa,
una verdad más absoluta
que esta mentira soluble
que descansa sobre mis pies.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Nada

Tras temporales sin nombre e inefables experiencias,
aquí estás:
sin búsquedas de griales ni señales mal dispuestas.
Tras capear multitudes insistentes,
te escogí en medio de un mundo hipnotizado,
adormecido y drogado
por los dictados impuestos.

Mi decisión es permanecer.
Sin fisuras.
Una unión indestructible de imposibles consecuencias.
Nada importa.
Sólo tu contacto.
Sólo sentirte.
        Sólo
             sentirte
                      en medio de la nada.

Porque nada nos envuelve
y, aun queriendo, no significa.
Desaparece como la bocanada incipiente.

He cruzado temporales sin nombre,
minutos hundidos en abismos,
lugares convertidos en fútiles memorias.
Minucias.
El sentir prevalece frente a la nada.
De los mapas
siempre se borra lo insignificante.


lunes, 3 de noviembre de 2014

Quizás

Quizás hiberna en un sobre de esquinas sepias,
al fondo de un herrumbroso buzón.
La mano determinante se entretiene
con la llama entrecortada
de un encendedor.

No:
aparece de improviso,
como un puñal que se clava
hasta los cimientos.
Las puertas, cerradas.
Las ventanas, orientadas
al borde del precipicio.

Quizás deambula en el limbo
mientras no se divierte en el infierno.

Sí:
rotundidad infalible,
sin vuelta de hoja.
No hay retorno.
No se le permiten titubeos
aunque existan los vaivenes
del quizás.
Puede que tras la puerta.
Puede  
          que al otro lado del hilo.

No:
imperturbable en su sentencia.
Resuelto e insolente.
Se presenta sin permiso,
protegido por una existencia
nunca demostrada.
Malas noticias que se resignan
a sí mismas.

Quizás:
navegante despistado
que no encuentra su destino.
A la deriva y sin rumbo fijo.
Entre dos orillas:
No, sí, no, sí.
Las dudas se agitan en las profundidades,
más allá de la boca del estómago.
Fluyen
como una comida mal digerida.


martes, 28 de octubre de 2014

Ilusión

Eres humo sin indicios de incendio,
algodón en un cielo sin nubes,
murmullo en medio del silencio,
sueño de una noche en vela.
Eres ilusión y no existes.

Eres la brisa de mar en un pueblecito de interior.
Eres sonrisa en la espalda húmeda.
Cuna de lo irreal y deseado,
flotas en un aire infinito.
Burlas de lejos
la propia naturaleza.

Eres paciencia dentro de incertidumbre,
anhelo latente en destinos invisibles,
visitas pospuestas que tienden a disiparse,
ilusiones que se pierden
allá donde la vista no alcanza.

A pesar de la premura de nuestros gestos,
del sigilo de nuestros actos,
nuestras bocas se inclinan hacia abajo,
nuestros ojos se tornan opacos.
Aunque niegas la extinción.
Rehúsas perderte en el ocaso.
Eres ilusión y no existes.
No todavía.


lunes, 27 de octubre de 2014

Bailamos

Tengo tantas cosas qué decirte.
Querer cortar el aire con tus besos
y asesinar los relojes para siempre.
Abrigar un futuro más allá de medianoche
mientras al piano interpretan partituras infinitas.
Desafiar al mundo con sonrisas en medio del hielo
para crear ardientes icebergs imaginarios.
Borrar del diccionario las palabras tristes
e impregnarnos de vocablos más serenos.
Saber que el suelo es esponjoso cuando caigo
y al subir,
aun sin alas,
siento que vuelo.
Deshacerme en pedazos mientras memorizas mi piel,
convirtiéndonos en expertos domadores
del lenguaje de nuestros cuerpos.
Atesorar nuestros silencios y nuestro ruido,
custodiándolos en cofres perpetuos.

La vida sigue ahí fuera
y nosotros
perdemos el tiempo bailando.
Empapados bajo un cielo monocromático,
cruzando laberintos de charcos inquietos.
Las gotas cargan con parte de nuestra historia.
Mudas,
delegan en nuestros abrazos.
Shhhh:
aún tenemos mucho qué contarnos.


domingo, 19 de enero de 2014

Entre la revolución y la resignación

Últimamente no dejo de preguntarme cómo pasaremos página. La ciudadanía cabalga entre la revolución y la resignación sin decidirse por un destino fijo. Desconocemos cómo atajar el problema y estamos a punto de tirar la toalla. Entonces recuerdo el gran "Ensayo sobre la lucidez", de Saramago, y pienso si no deberiamos tomar ejemplo: utilizar el voto en blanco de forma masiva para situar al gobierno en una encrucijada. Al fin y al cabo, de poco serviría lanzar la pelota a otro campo y eternizar el bipartidismo una vez más. La democracia roza la extinción y el gobierno no sólo ha perdido su credibilidad, sino que cierra con una cremallera las bocas de aquellos que no opinan del mismo modo. Somos víctimas de la manipulación y necesitamos un cambio con mayúsculas.

Nos imponen la asignatura de religión e intentan convertir la filosofía en una "maría". Es obvio, cuanto menos ejercitemos nuestro espíritu crítico y reflexivo, mejor. ¿Esperamos a que nos corten las alas para no volver a volar? En menos de dos años tendremos la oportunidad de poner en práctica la poca libertad que nos queda y quizás la idea de Saramago no sea del todo descabellada.


Carta publicada en El país:


jueves, 9 de enero de 2014

"O corazón tecido de Catarina"

"O corazón tecido de Catarina", editorial Elvira,
escrito por Ruth Oliveira e ilustrado por Alba Castillo.

Nos tempos que corren é doado que desexemos escapar da realidade, e que o medo nos obrigue a agocharnos baixo unha coraza, o que pode impedirnos disfrutar do lado positivo do mundo que nos rodea. Que o hai, inda que custe atopalo. Pois como dicían as nosas avóas, mesmo nos días de choiva xorde o arco da vella. 

A baixa estima dun mesmo pode mergullarnos nunha burbulla invisible e iso é precisamente o que lle acontece á nosa protagonista, a Catarina. Mais hai sentimentos capaces de derrubar barreiras que semellan irrompibles nun principio, coma o amor incondicional, que posibilita unha vida chea de cores, deixando atrás a tristura. Porque o gris non aparece no arco da vella. 


O noso conto fala desta transición, mostrando unha mensaxe positiva na que o amor é o fío conductor, capaz de tecer corazóns de la infinita. A través del, queremos chegar ós nenos que se poidan sentir identificados, e que igual que a historia de Catarina, vexan que todo o que se propoñan é posible, con esforzo. Compre salientar que "O corazón tecido de Catarina" ofrece unha doble lectura, interpretada de xeitos distintos entre pais e nenos, e que invita á interacción entre ambos.

Agradecer infinitamente á Editorial Elvira, por confiar en nós, polo seu apoio en todo momento; a Francesca, polos seus valiosos consellos e, sobre todo, a Alba Castillo, por compartir comigo a ilusión, polas súas maravillosas ilustracións e todos eses momentos compartidos nos que, pouquiño a pouco, Catarina tomou forma por fin para convertirse en realidade. 

Podedes adquirir "O corazón tecido de Catarina" no seguinte enlace: 

Esperamos que o disfrutedes! 


domingo, 5 de enero de 2014

Queridos Reyes Magos:

Sé que llego con el tiempo justo, dejando todo para el último momento para variar. Pero quizás sea la única alternativa que me queda. Sobre todo en estos tiempos en los que aferrarnos a los sueños es lo único que nos alienta a continuar. Sin duda. Como ustedes saben, el mundo se derrumba a nuestro alrededor, y no nos enamoramos, no. Parece que todo lo contrario. Por ello me gustaría que mi regalo de este año fuese un mundo nuevo. Lo sé, complicado introducir semejante volumen en un paquete tan pequeño, pero ustedes hacen magia, ¿no? Qué ilusión encontrarme un juego de construcción, como los Lego de toda la vida, para poder crear un mundo encajando cada pieza: unos ideales nuevos, un gobierno nuevo, honestidad, cooperación, humildad, sinceridad, transparencia, mucha bondad y menos corrupción, mucha información y menos ignorancia. Y libertad, que aunque parece en peligro de extinción existe, seguro. Libertad para poder decidir, opinar, trabajar, amar. Todos esos valores que nos hacen ser personas íntegras, y no simples marionetas. ¿Será posible? He sido buena, no crean, así que no pido un imposible. Y si mañana no se cumple mi petición, seguiré intentándolo. Al fin y al cabo, la ilusión es algo que todavía nadie podrá arrebatarnos. 


viernes, 1 de noviembre de 2013

Sucedáneo de libertad

Una imagen dice mucho por sí misma y, sin embargo, podemos encontrar tras ellas diferentes historias. Las siguientes fotografías son de Raquel Calviño y de ellas ha surgido este pequeño relato. Si queréis ver más mundo a través de sus ojos, no dudéis visitar su perfil en instagram: @raquelcalvino 


El aire no pesa aquí fuera. No es viciado ni tenso. Cierro los ojos para aprovechar cada porción de oxígeno. Muy arriba, en el piso dieciséis, una compacta bola de palabras se golpeaba de un lado hacia otro de las paredes. Ahora se ha evaporado. Aliviada, siento las caricias certeras de los finales agridulces en mi piel y, sin embargo, no me importa. Mis armas quedaron en las alturas y llevo los bolsillos vacíos. Sin embargo, siento que las cuerdas se han soltado y huelo aromas libres, no embotellados. 


"Libertad" es una etiqueta que se vende a un precio alto en los souvenirs. Avanzados algunos metros soy consciente de ello. Siento que mis piernas comienzan a flaquear y un atisbo de remordimiento flota en el ambiente. Me detengo. Busco refugio en las otras vidas que he creado para escapar de mi misma. Aquellas que no me miran a los ojos para pronunciar reproches o sentenciar mi destino.


La vida se sucede en una secuencia lineal de momentos. Y la mía parece no seguir ese ritmo, sino complicarse en un bucle interminable de capítulos que no terminan nunca. "Libertad" es una palabra ambiciosa que creí poseer muy brevemente. Hasta qué fui consciente de que había dejado cabo sueltos. Ahora estoy en suelo firme y no sobrevuelo las alturas. Ahora se que debo llevarlos conmigo sin remedio. 


Busco la calma en el humo. Desearía ponerme en su lugar para desaparecer cuando el cigarrillo se consuma. Volverme invisible para no tener que cargar con este peso a mis espaldas. Ingenua. "Libertad" es una etiqueta que se vende cara, demasiado. Y el hombre que permanece tendido en el suelo del piso dieciséis es la prueba más evidente. Quizá deba tratar de convivir con este sucedáneo de libertad que yo misma he creado. 


miércoles, 23 de octubre de 2013

Ojos que no ven

Se había quedado congelada, en el tiempo y en el espacio. Un espacio tan limitado que ni siquiera era consciente de su propio auto encierro. Sabía que la puerta estaba abierta y que un abismo de posibilidades la esperaría fuera. "No quiero sorpresas", me dijo una vez. Y esas palabras retumbaron en mi mente durante días, meses, años. Me costó entender que para ella "posibilidades" significaba tirarse al vacío, que dar un paso era imposible sin sentir latir su corazón de una forma insoportable. Me costó entenderlo. Es lo que ocurre cuando chocan dos mundos distintos. Quizás sus ojos no estaban preparados para ver más allá de cuatro paredes limpias, vacías, dentro de un espacio inhóspito para cualquiera. O tal vez su alter ego invisible le cortó las alas y le quitó sus ojos para elevarlos al cielo, sustituyéndolos por otros llenos de vacuidad, carentes de la inherente facultad de ver y mirar, de observar y comprender, de la posibilidad que goza cualquier par de ojos para considerarse parte de un cuerpo autónomo. 
Intenté ayudarla. Llegué a agarrar con fuerza su mano para sacarla de ese encierro absurdo. Pero fue inútil. Ella había decidido vivir sin la incertidumbre que se tiene al caminar sin destino exacto, sin el parpadeo constante de unos ojos reales.


Microrrelato de "Los pájaros de mi cabeza", espacio que comparto con la ilustradora Lil Abi, como colaboración para "Croa magazine"http://croamagazine.es/los-pajaros-de-mi-cabeza/.


viernes, 4 de octubre de 2013

Metamorfosis

Supuse que se acercaba la muerte y me equivoqué. La cadena de adversidades no han sido más que un paso. El deterioro como mero trámite hacia una transformación. Mientras siento los gusanos retirando lo residual hasta dejar únicamente la esencia misma, observo mi estancia en el limbo de la indecisión reflejada en los ojos de otros. Esos que se atribuyen etiquetas sin pedir permiso, que ofrecen vínculos imaginarios a relaciones inexistentes. Porque no me conocen. En realidad, nadie me conoce. 
Percibo en sus caras un gesto fingido, intentando disimular su asombro, su rechazo, incluso el asco que mi nuevo yo les provoca. La sombra oscura bajo mis ojos aumenta, mi piel va adquiriendo un tono cada vez más descolorido, casi mortecino, y mi cuerpo se va desprendiendo del peso de la vida. Piensan que mermo. Qué equivocados están. Cuando observen a la mariposa batir las alas soltaré una carcajada. He de confesarte que en algún momento pensé como ellos, planteándome apresurar el final definitivo. Sin embargo, opté por la espera, rigurosa y paciente. Entre tanto, has aparecido tú, aceptando mi realidad, sin pensar que esta nueva lógica fuese descabellada. No sé qué don tienes para mirar más allá de lo simple. Es evidente, no pierdes el tiempo en banalidades. Quizás estés a un paso de comenzar este ritual necesario, quizá tú también estés a punto de sufrir una metamorfosis.


Con este relato he colaborado en la sección Creación de www.culturamas.es

miércoles, 18 de septiembre de 2013

España, 'el país de nunca jamás'

La crisis agudiza el ingenio. No hay más observar a nuestro alrededor para apreciar el goteo continuo de ideas. Sin embargo, una idea no es más que un concepto que necesita crecer. Y sin los medios necesarios resulta imposible. Es exactamente lo que le ocurre a la ciencia en nuestro país, cuyos profesionales agitan las alas preparando el vuelo hacia el extranjero. España se ha convertido en el país de nunca jamás. Porque muchos se irán para no volver. En medio de este panorama, el crowdfunding pisa con fuerza el terreno de la ciencia. Nuestro granito de arena intenta sacar a flote un proyecto científico que se veía abocado al silencio. Mientras, el gobierno da la espalda a todo sinónimo de progreso e innovación. ¿Es este el futuro del I+D en España? La financiación colectiva parece ser el único remedio a la tijera. 
Me temo que toca rascarnos el bolsillo a los que nos queda un mínimo de conciencia y, por supuesto, confianza. Algo que le falta a nuestro gobierno, que ignora la existencia de personal altamente cualificado a la espera de una financiación que no llega para sus proyectos, de los que nos podríamos beneficiar todos. 


Barreras


Al otro lado, lo desconocido. Tras esos hierros tu vista es ciega y no hay respuestas inmediatas. Y, sin embargo, lo anhelas igualmente. Porque tu mano te delata en un intento de traspasar la línea. Y el deseo de construir el giro de tu historia aumenta, de partir de la nada para dibujar con lápices vírgenes. 

martes, 17 de septiembre de 2013

Retrato



Hay lazos que traspasan lo genético, la sangre. Aún cuando las vidas se cruzan de manera obligatoria, sin propia elección, parece existir una ley especial que rige nuestros destinos. Ella. Valiente, aunque lo niegue un millón de veces. Bondadosa, aunque piense que no da nada cuando aporta todo. Única, porque no hay nadie como ella aunque existiesen miles de tierras en otras galaxias. Puede que seamos pequeñas hormigas poblando un mundo cada vez más complejo y, sin embargo, qué sencillo se vuelve todo si ella está cerca. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

Viaje sin retorno

Ha estado bien esto de cambiar de forma drástica. Borrarme del mapa ha sido una de las mejores decisiones que he tomado nunca. E, irremediablemente, la última. Tenía mis dudas de cómo sería este lugar finalmente, pero, ¿sabes? Se han superado todas mis expectativas. Lógicamente, jamás hemos tenido noción alguna de este sitio, del que solamente existen a la venta billetes de ida. Un viaje sorpresa, sin despedidas en andenes, sin llamadas para decir hasta luego. Sólo adiós. Nadie nos había hablado antes de este lugar. Y, sin saber por qué, el destino ha querido darme una oportunidad para dejar constancia de mis impresiones. Ahora, frente a frente, tú y yo, aunque en dimensiones totalmente opuestas, trato de ponerte al día. No hubo limbo ni transiciones. De pronto, me vi en este reino del sosiego, habitado por seres extraños totalmente benévolos, en el que todo parece imposible y, sin embargo, verosímil hasta límites insospechados. Hay algo curioso en todo esto. Siempre he recordado que llegaría aquí criando malvas. Pues no. Aquí, rodeada de amapolas, me embriago de su aroma, peculiar y adictivo, que me hace viajar de nuevo para sumergirme en un sueño, dentro de otro si cabe. Un sueño eterno, quizás. 


Microrrelato de "Los pájaros de mi cabeza", espacio que comparto con la ilustradora Lil Abi, como colaboración para "Croa magazine".

La cobardía de no querer ver

Cuando llegué a aquel extraño pueblo me quedé estupefacta, sobre todo por la curiosa patología que padecían sus habitantes. En seguida me debatí entre escoger un nuevo destino o saciar mi curiosidad sobre lo que realmente sucedía allí. Opté por lo segundo, aún a regañadientes de mi propia conciencia. 
Yo nunca había visto nada igual. Todos sus habitantes llevaban los ojos cubiertos con pañuelos, como contagiados por una ceguera epidémica. Y digo "como" por algo que resultaba curioso: el sentido de la orientación de aquellos hombres y mujeres era extraordinario y llegué a dudar si eran ciegos de veras o ponían en práctica una moda un tanto macabra. No había tropiezos, no había dudas. Increíblemente, parecían observarse con total nitidez. Y yo, en medio de toda aquella representación de ironía, me sentía sumida en una incomodidad que no remitía, observada por tantos individuos sin ojos. 
Deseosa de mitigar mi sed de curiosidad, me dirigí a un bar cercano. Me senté en la barra y un camarero se dispuso a atenderme al instante. Y yo le observaba, sin encontrar en sus movimientos perfectamente coordinados ni un ápice que indicase su evidente ceguera. Era sorprendente. Su pañuelo azul con cruces negras parecía tupido, así que yo seguía sin comprender nada. Muy amablemente, respondió a todas mis preguntas y, tras digerir sus palabras breves momentos después, mi confusión iba en aumento.

- Entonces, usted me está diciendo que no son realmente ciegos...
- Bueno, no exactamente. Debido a una disfunción genética, nuestros globos oculares son tan delicados que no soportan apenas la luz. Solamente podemos abrir nuestros ojos en total oscuridad.
- Y eso, ¿cómo lo saben? 
- Es algo que se ha transmitido de generación a generación.
- Ya, le entiendo. Pero por mucha tradición cultural, ¿no creen que deberían comprobarlo y asegurarse totalmente? 
- Puede, pero nadie se atreve. Sería peligroso.
- ¿Peligroso? ¿Qué es lo peor que les puede pasar, quedarse ciegos? ¡Ya lo están! Aún sin saberlo a ciencia cierta. 

El hombre se giró y comenzó a realizar otro tipo de actividades, ignorándome por completo. Yo estaba bloqueada, en modo pausa sin llegar a entender a aquella cuadrilla de cobardes. Lo que acaba de escuchar era insólito y totalmente surrealista. ¿Tenían miedo a quedarse ciegos? Casi suelto una carcajada. Pero lo pensé mejor, decidí buscar alojamiento, descansar y, a la mañana siguiente, olvidar la existencia de aquel extraño pueblo al que llegué por error. 
Incapaz de conciliar el sueño, salí a dar un paseo. La calle parecía una tumba, inerte, silenciosa hasta ser molesta. Encontré un banco y me senté. Encendí un cigarrillo y pensé. Pensé tanto que mi mente consiguió quedarse en blanco.

- A mi me gustaría atreverme. 

Desperté de mi breve letargo y a mi lado, casi por arte de magia, descubrí que se había sentado una chica rubia, con un pañuelo blanco cubierto de lunares rojos. 

- Disculpa, pero no te entiendo. - le dije
- A sacarme esta opresión de los ojos. Te escuché en el bar. Creo que tienes razón. Sin embargo, ese tema es totalmente tabú por aquí.
- Por curiosidad, ¿alguna vez has visto realmente? 
- No
- ¿Tienes la menor idea de lo que te estas perdiendo?
- No

Me acerqué a ella muy despacio, alargando la mano. Comencé palpando su rostro con lentitud. No quise asustarla así que dejé claros todos mis movimientos. Hasta qué llegué al pañuelo. Intenté levantarlo y, antes de que consiguiese hacer nada, se levantó bruscamente. 

- ¿Hace mucho que has llegado al pueblo? - Aquel cambio de tema supuso mi pequeño fracaso.

Volví a encontrarme con aquella joven a la mañana siguiente. No sabía cómo se llamaba pero tampoco hacia falta. ¿De qué serviría atribuirle nombre alguno cuando ni siquiera podíamos mirarnos a los ojos? Nos sentamos en el mismo banco. Hacía un sol de justicia. 

- Está un día muy soleado, no? - me dijo
- ¿Cómo lo sabes? - le pregunté
- Noto una leve luz, casi imperceptible, a través del pañuelo. Y siento calor. Dicen que eso significa que hace un día muy soleado.
- No pienso contestarte
- ¿Por qué? 
- Venga ya, no seas cobarde. Si tanta curiosidad tienes, descúbrelo por ti misma.

Sin mediar palabra, fue deshaciendo el nudo de su pañuelo lentamente. Cuando por fin se descubrió del todo, sus ojos necesitaron algún tiempo para acostumbrarse. Y poco a poco, frunciendo el ceño entre el temor y el desconcierto, pudo contemplar lo que tenía ante ella. Nunca más volvería a tener la oportunidad de ver una mirada como la suya: primeriza y virgen ante un mundo inexplorado que se descubría ante sus ojos. 



Microrrelato para "Los pájaros de mi cabeza", espacio que comparto con la ilustradora Lil Abi en el que se entremezclan arte y literatura. 

Noches salvajes, mañanas dulces.

La puerta se cierra de golpe con un ruido seco. No importa, es demasiado tarde para sentirme princesa de un cuento. El zapato quedó atrás y camino descalza. Totalmente. Ninguno de los dos estamos cuerdos. No lo suficiente como para llevar la lentitud en nuestros gestos. Nos besamos arrancándonos cada segundo a gritos, ahogándonos, pensando en que cada aliento evaporado se esfumará para siempre. Nos comemos nuestro mundo bruscamente, casi con violencia. No hay sutilezas. Ebrios del aire que se forma entre nosotros, fundiéndonos en uno para no perder ni una gota de ese ambiente apetitoso y viciado. La sangre arde, el cuerpo apremia. Parece que la vida se nos escapa, que queramos desfallecer hasta la muerte. 
Cuando la luz de los amaneceres desteñidos dibuja con ironía en la pared, cuando el olor del café me despierta, la almohada está fría. Tu lado de la cama respira ausencia. Quizás no tenga memoria, pienso, aún siendo testigo de nuestra propia combustión. Dicen que las tempestades necesitan calmas. Dicen que las noches salvajes necesitan mañanas dulces.




Microrrelato para "Los pájaros de mi cabeza", espacio que comparto con la ilustradora Lil Abi en el que se entremezclan arte y literatura.